Todos de gala, tan o más nerviosos y emocionados que yo (algunos). Con esa ansiedad de querer salir ya, y a la vez, pedir que el tiempo se detenga en esos instantes previos, ese cosquilleo en la panza tan placentero, ese toc toc de los zapatos sobre el piso, esa manito tironeando de los tules, ese ruido de las cortinas, los flashes, la musica, el saxo, esa voz increíble de la mina, las sonrisas y los ojos llenos de lágrimas de los que me dieron la vida, de los que participaron de ella, y de los que siguen caminando conmigo, esos abrazos llenos de amor y ternura, esas miradas, esas caricias. Realmente, fue la mejor noche de mi vida. Muchas podrán arrepentirse, y muchas otras podrán decir que tuvieron o tendrán noches mejores, pero para mí fue tan esperada, tan soñada, tan palpitada, que no puedo creer como pasó hace un año, un mísero y rápido año...
Que ganas que sea 11 de octubre del 2009 y que nunca más pase el tiempo, o por lo menos dure más de lo duró, más que un suspiro...

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